46 Nos dice Santo Tomás de Aquino que para que una cosa sea bella tiene que poseer tres propiedades: Unidad, Proporción y Claridad.


Si las aplicamos a los tres niveles de belleza que existen, se puede deducir lo siguiente:

BELLEZA MATERIAL

Unidad. Si vemos el caso de los siameses - dos personas unidas por el tronco- nos causa desagrado, porque todo ser humano tiene su unidad por naturaleza.

Proporción. Cualquier parte del cuerpo que crezca o mengüe excesivamente afea la figura. Existe un equilibrio entre las distintas partes del cuerpo.

Claridad. Si percibimos mal la figura -por estar a contraluz, mal iluminada o confusa entre otros cuerpos -, por bella que sea, no nos agradará porque no la podemos llegar a conocer bien con la vista.

BELLEZA DE LA VIRTUD

Unidad. Si el cuadro es un revoltijo de imágenes que no tienen nada que ver unas con otras sin sentido del color, forma, etc. no nos agradará.

Proporción. La distribución de las masas en un cuadro, de capítulos en un libro, de frases en una composición musical ha de estar equilibrado.

Claridad. Si oímos una música, por bella que sea, mal sintonizada, cortándose o con otra a la vez, nos produce una inquietud que ahoga la experiencia estética.

BELLEZA DEL CORAZÓN

Unidad. Si nuestro corazón desea cosas malas no ordenadas al fin último, si crea división a la fraternidad universal, si crea la guerra... no vivirá la unidad que tiene que tener con la especie humana.

Proporción. Si nuestro corazón ama las cosas intrascendentes y descuida las importantes se desordena, se desproporciona.

Claridad. No basta con ser bueno, además hay que parecerlo. Si haces una buena acción pero parece que haces otra cosa, no aparecerá ante los demás la virtud... aunque Dios siempre lo sabrá.





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